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UN VERANO CON FRANCIS DRAKE

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La mochila. Pantalones, camisetas. Esas cosas del vestir. Una gorra. Un cepillo para los dientes. Una baraja de cartas para hacerse el solitario y dejar volar el azar: descubrir si el verano te pintará copas, oros, bastos… Que las espadas pasen de largo.

Un libro de aventuras, para creerse Tintín, James Bond o Terence Hills en "Le llamaban Trinidad"; unos poemas de amor de Byron o de Neruda, por si a las sirenas hay que conquistar; un caza estrellas para, antes de que llegue la lluvia fugaz, ir atrapando a Casiopea, a la Osa Mayor y a la Menor, el astro del Principito y todo un bestiario astral que haga de tus días de calima algo sideral.




Volcanes, grutas, la sabana salvaje. Ríos, lagos, mares. Una toalla sobre la que tirarse a pie de playa para ver amanecer todas las mañanas y pescar hazañas: un naufragio entre pirañas, un descenso entre lava, un manantial de tinta del que brotan las palabras. Una toalla en la que esperar que la marea atrape tus pies, un pulpo se enrede entre…

EL DÍA QUE MATÉ AL ALACRÁN

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Medio siglo. La vida puede ser medio siglo. Cincuenta años y en ellos: Un globo, dos globos, tres globos, María Luisa Seco o Gloria Fuertes recitando: "don Pato y don Pito/ dan un paseíto". De Starsky & Hutch con su Gran Torino a los Hombres de Harrelson. Érase una vez, el Un, dos, tres y, años después, Dallas y Falcon Crest.



Los chicles de canela, el regaliz negro, los polos de naranja por fuera y el corazón de fresa. Rebañar el bote de Nocilla. "Xurro, mitgamanga o mangotero". Todo el día por el suelo. Las canicas, "el clot", rodilleras en el pantalón. Estudiar, suspender, aprobar, repetir, volver a empezar, superar, memorizar, examinarse hasta el no va más.

La EGB y doña Carmen, el maldito verbo to Be, las clases de Latín, la Física que se disolvía como la química y el regocijo de verse universitario en un tiempo en el que nos creímos que eso servía para algo. El primer cigarro, la cerveza y su amargor, la borrachera de rigor, la discoteca, las canci…

UNA MARIPOSA EN EL PHILIPPE CHATRIER

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El suelo de la pista Philippe Chatrier convirtió a Rafa Nadal en una mariposa. Tras ganar el punto decisivo al suizo Stan Wawrinka, el tenista se desplomó sobre la tierra roja y, con las piernas abiertas y los brazos en cruz, empezó a volar. Quizá, en ese instante, el de Manacor cerró los ojos y dejó que sus pensamientos bailaran por los aledaños del Olimpo, dando gracias a los dioses. O quizá simplemente flotó, como una mariposa, soltando un largo suspiro y levitando por lo vivido.



Había ganado su décimo Roland Garros y, en ese instante, para muchos había renacido ese ser sobrenatural que ha crecido pegado a una raqueta. El artilugio de madera noble y cuerdas tensas que ha llenado de glorias su travesía. Y también de penurias y tristezas. Pero, en realidad, Rafa no había renacido. Ni siquiera había vuelto, porque jamás se había ido. El Rafa que todos admiramos, al que nos encanta verle sonreír, moverse ante las cámaras como un pato desplumado que no sabe qué hacer, nunca nos había aba…

TENÍA UN SUEÑO... Y SE ESCAPÓ

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Tenía un sueño. Y estaba empeñado en cumplirlo. Pero un día, mientras jugaba con él de madrugada, la quimera se le escapó. Se le fue de las manos como una pompa de jabón. Sabía él que, si lo tocaba, estallaría y desaparecería en mil partículas de sueños incumplidos. Así que, a una prudente distancia, lo fue siguiendo por la casa, moviendo las manos a modo de abanico para que, rodando y rodando, su ansiada fantasía volviera a sus pensamientos. Pero el sueño, caprichoso, seguía libre su trayecto: volando por el techo, tonteando entre la lámpara de la habitación y acercándose temerosamente hasta la ventana del comedor. "No, no... no te salgas", gritó. Y el sueño bailó con él: como que sí, como que no…. hasta que se fugó.




Rodó hasta el exterior. Él se asomó. "Vuelve, por favor", sollozó. "Me cuesta tener sueños", balbuceó. El sol iluminaba la utopía danzante convirtiéndola en un prisma de colores que brillaba por el cielo. Era primavera en la ciudad y las golo…

Estratosférico ☄️ El Celler de Can Roca

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http://blogs.lasprovincias.es/historiascondelantal/2017/06/04/viaje-estratosferico-al-celler-de-can-roca/

PABLO NERUDA; 11,95.

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Una vida cuesta 11,95 euros. Lo sé porque la compré. Bueno, más que una, todas las vidas de Neruda bajo un corsé de 555 páginas. Llamémosle antología. Historia de una existencia en verso. Letras tejiendo poemas que hablan de glorias y de penas. Sentimientos y pensamientos ligados entre ellos que estremece contemplarlos. Todos juntos. Notarios de las horas que se esfumaron, de los días que se tambalearon, de las palabras buscadas y rebuscadas, remachadas, tachadas, enfatizadas, resucitadas, desangradas. A veces enamoradas. Desesperadas.
Hay cantos, memorándums, islas negras y odas. Odas al aire, a la alcachofa, a la envidia, a los calcetines, al olor a leña, a un cine de pueblo, al limón, al nacimiento de un ciervo. Oda a las cosas, por ejemplo. "Amo las cosas loca,/ locamente./ Me gustan las tenazas,/ las tijeras,/ adoro/ las tazas,/ las argollas,/ las soperas (...)".
Mi oda, si fuera poeta, perdón por la osadía, la dedicaría al resucitado que, pese a que le sentenciaron, sali…