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LA MUJER QUE VE AMANECER

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Mujer. 80 años. Madre de seis hijos. Viuda. De pequeña, Navidad tras Navidad, los Reyes le dejaban como regalo siempre la misma muñeca. Su madre le hacía un vestido y quedaba como nueva. Ella se entusiasmaba. Era feliz, así. Y dicharachera. En el cuartel de la Guardia Civil, los agentes le ponían encima de una mesa y le rodeaban mientras la pequeña bailaba al son de las palmas. Eran los años 40 de aquella España del hambre y la copla. De Concha Piquer y "A la lima y al limón".

Su primer sueldo lo ganó cosiendo. Y bordando. Eran los tiempos en que todo se hacía a mano. La post-guerra trajo el franquismo y un país repleto de grises que ella transitó con la inocencia de una adolescente que sólo quiere vivir con intensidad su futuro. Tiempo de rosario y Elena Francis, de los inicios de la Montiel y Marisol, de ecos que llegaban de aquella América en la que el cine se convertía en el oasis donde soñar: Audrey Hepburn fascinó con su "Vacaciones en Roma", irrumpió Marilyn …

21 GRAMOS

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Somos un cero a la izquierda al que nos ponen un diez cuando rentamos, para luego volver de nuevo a ser un cero. A la izquierda, claro. Y así, a intentar volver a lograr otro reconocimiento. Un ocho, un siete, un seis...

Recuerdo los tiempos del suspenso. Exámenes. El cuatro era deprimente, por no llegar. Lo del tres hacia bajo, desolador. Los números siempre nos han sometido. Siempre hemos vivido atados a un número que te consagra o te condena. De hecho, vivimos atrapados en un abismo de aritméticas. Somos parte de un decimal. Una suma, una resta. Un amasijo de cifras: 70 kilos, 42 de pie, 72 pulsaciones...

Es tan infinita la numeración que nos rodea, que me rodea, que tengo mi casa invadida por datos que batallan con mi ya débil memoria. Porque en realidad, mi casa es un lugar sin paredes donde habitan las neuronas. (O la neurona, que ya no sé por dónde ando). Una neurona, dos pulmones, dos riñones, un par de ojos, veinte dedos y un 70 por ciento del cuerpo naufragando en su agua. Ya …

LA ISLA DE LOS INGENUOS

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Soy catalán, y español, y afgano. Soy valenciano, de Alcoi, del pueblo de al lado. Soy de cada rincón y a la vez de ninguno. De izquierdas y de derechas, independentista y nacionalista, monárquico y republicano. Soy el burgués y el refugiado, el hijo del proletario y niño del marqués. Soy un desengañado o lo que tenga que ser si cediendo en mi verdad ayudo a frenar la hemorragia de coherencia que vive esta sociedad.

Me duelen los gritos, los cánticos al son de la ira, los improperios desde la gradería, los empujones, los heridos, la presión, la asfixia, las barricadas y las cargas. Me duele que impongan la ley marcial, que si no eres de los suyos te debes callar. Me duelen los unos y los otros. Los de aquí y los de allá. Me duele que se nieguen a hablar, a dialogar. Me duele todo y por todos los lados, y pongo la otra mejilla si con un bofetón que me deje los dedos marcados logro ayudar a frenar la sangría de humanidad que vive nuestra realidad.



Aborrezco las fronteras, y las banderas, …

LOS SOLOS

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Adjetivos desairados, broncas desatadas, acusaciones escupidas, verbos arrojados como llamas. Ellos, ella y él, desde la ventana de su vida observaban en soledad cómo la cuchilla de las lenguas afiladas atravesaba la fina piel de la urbanidad. Algarabía, tensión, depresión.

No había entre exclamaciones espacio para los besos. En la calle, en la televisión, en las tertulias... las palabras gritaban sin compasión. Y los gritos se encadenaban y desataban un grito mayor. Las voces se alzaban como espadas dispuestas a ser enfrentadas, los aullidos se mezclaban con la desazón y la muchedumbre se enzarzaba entre acusaciones desentonadas. Ellos, él y ella, miraban. Desde sus ventanas.

Él leía para sus adentros poemas, sus poemas, de Lorca. Como si fuera "El rey del Harlem". "Con una cuchara de palo / le arrancaba los ojos a los cocodrilos". 
Ella, en su mundo, escuchaba canciones. Llamaba a la radio. Se las dedicaba. La música como diván. "Para la vieja Concha, que esper…

OTOÑO 155

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Olía a humedad encendida y bajo los castaños había besos. El Señor del Tiempo palpaba con sus manos el inmenso y corpulento cuerpo. Estaba caliente. Parecía tener en su interior un rayo latente. "Van a ser unos meses interesantes", se dijo mientras crujía a su alrededor la maquinaria del viejo reloj que marca el paso al calendario. Ante él, yacía desnudo el poderoso Otoño. Pálido, casi anaranjado, como un melocotón tardío.

El Señor del Tiempo acercó sus labios a los del cuerpo tendido y le cubrió con su cálido suspiro. El Otoño sufrió una convulsión. Su piel se erizó y abrió súbitamente, como un dragón dormido, sus ojos. "¡Levanta, levanta!", gritó. Sonó una ensordecedora campanada y un millón –quizá dos– de aves salieron de estampida entre los engranajes del colosal reloj. Fue como una profecía. La profecía de la edad tardía: cuando el cuerpo enmudece y las pasiones se declaran en rebeldía.

El Otoño se incorporó mastodóntico. Del impulso, los vientos se desbocaron y…

PALABRAS COMO PIEDRAS

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Los humanos –o más o menos humanos– nos hicimos con la palabra como herramienta para comunicarnos. O más o menos comunicarnos. Y aunque dicen que procedemos del mono, algo del loro también llevamos dentro. Por eso, cuando uno dijo «tú», el otro lo repitió. Cuando alguien exclamó «yo», el resto insistió. Los posesivos marcaron desde entonces nuestra pauta y pasamos a vivir en un constante: mi, me, conmigo... Y dijimos mi mamá, mi papá, mi casa... Mi vaca, tu hacha, su mortaja.

Nos entendimos marcando cada uno su terreno, para que nadie metiera mano en nuestro corral. Y el lenguaje creció. Y a las flores les llamamos flor y a la muerte, adiós. Girasol, saltamontes, salvavidas. Democracia, justicia, libertador. La civilización se hizo palabra y fuimos domesticando el lenguaje hasta que el lenguaje nos dominó. Y entonces, todo cambió.

El diccionario, en ese momento, se llenó de tirachinas, lanzallamas y quebrantahuesos. Hablamos de tifones, huracanes y glaciaciones. Aparecieron términos imp…

SIN PALABRAS. UN MERCADO EN AMSTERDAM

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Fotos Propiedad: Jesús Trelis