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UNA MARIPOSA EN EL PHILIPPE CHATRIER

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El suelo de la pista Philippe Chatrier convirtió a Rafa Nadal en una mariposa. Tras ganar el punto decisivo al suizo Stan Wawrinka, el tenista se desplomó sobre la tierra roja y, con las piernas abiertas y los brazos en cruz, empezó a volar. Quizá, en ese instante, el de Manacor cerró los ojos y dejó que sus pensamientos bailaran por los aledaños del Olimpo, dando gracias a los dioses. O quizá simplemente flotó, como una mariposa, soltando un largo suspiro y levitando por lo vivido.



Había ganado su décimo Roland Garros y, en ese instante, para muchos había renacido ese ser sobrenatural que ha crecido pegado a una raqueta. El artilugio de madera noble y cuerdas tensas que ha llenado de glorias su travesía. Y también de penurias y tristezas. Pero, en realidad, Rafa no había renacido. Ni siquiera había vuelto, porque jamás se había ido. El Rafa que todos admiramos, al que nos encanta verle sonreír, moverse ante las cámaras como un pato desplumado que no sabe qué hacer, nunca nos había aba…

TENÍA UN SUEÑO... Y SE ESCAPÓ

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Tenía un sueño. Y estaba empeñado en cumplirlo. Pero un día, mientras jugaba con él de madrugada, la quimera se le escapó. Se le fue de las manos como una pompa de jabón. Sabía él que, si lo tocaba, estallaría y desaparecería en mil partículas de sueños incumplidos. Así que, a una prudente distancia, lo fue siguiendo por la casa, moviendo las manos a modo de abanico para que, rodando y rodando, su ansiada fantasía volviera a sus pensamientos. Pero el sueño, caprichoso, seguía libre su trayecto: volando por el techo, tonteando entre la lámpara de la habitación y acercándose temerosamente hasta la ventana del comedor. "No, no... no te salgas", gritó. Y el sueño bailó con él: como que sí, como que no…. hasta que se fugó.




Rodó hasta el exterior. Él se asomó. "Vuelve, por favor", sollozó. "Me cuesta tener sueños", balbuceó. El sol iluminaba la utopía danzante convirtiéndola en un prisma de colores que brillaba por el cielo. Era primavera en la ciudad y las golo…

Estratosférico ☄️ El Celler de Can Roca

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http://blogs.lasprovincias.es/historiascondelantal/2017/06/04/viaje-estratosferico-al-celler-de-can-roca/

PABLO NERUDA; 11,95.

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Una vida cuesta 11,95 euros. Lo sé porque la compré. Bueno, más que una, todas las vidas de Neruda bajo un corsé de 555 páginas. Llamémosle antología. Historia de una existencia en verso. Letras tejiendo poemas que hablan de glorias y de penas. Sentimientos y pensamientos ligados entre ellos que estremece contemplarlos. Todos juntos. Notarios de las horas que se esfumaron, de los días que se tambalearon, de las palabras buscadas y rebuscadas, remachadas, tachadas, enfatizadas, resucitadas, desangradas. A veces enamoradas. Desesperadas.
Hay cantos, memorándums, islas negras y odas. Odas al aire, a la alcachofa, a la envidia, a los calcetines, al olor a leña, a un cine de pueblo, al limón, al nacimiento de un ciervo. Oda a las cosas, por ejemplo. "Amo las cosas loca,/ locamente./ Me gustan las tenazas,/ las tijeras,/ adoro/ las tazas,/ las argollas,/ las soperas (...)".
Mi oda, si fuera poeta, perdón por la osadía, la dedicaría al resucitado que, pese a que le sentenciaron, sali…

¡BANG!: LA INCREÍBLE HISTORIA DEL MAGO QUE ACABÓ CON LA CABEZA COLGANDO

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Las Provincias, 20 de mayo
El periodista dejó escrito en una cuartilla lo que le habían contado. Decía que habían encontrado el cuerpo del mago en el camerino del teatro. Estaba vestido con el chaqué con el que había hecho el espectáculo y tirado sobre un sofá. La cabeza se intuía desencajada. En el suelo, una pistola, aparentemente de plástico. La chistera parecía haber caído de su cabeza de manera imprevista y haber rodado hasta tropezar con la puerta de un armario. Con su mano derecha, sujetaba una varita mágica. Típica: Negra con los bordes blancos. Tenía la pajarita medio colgando, atada al cuello, y el último botón de la camisa desabrochado.

Acudió la policía. Dos agentes. Y el juez de guardia. Jueza, en este caso. Fotografiaron todo. Señalaron los elementos sospechosos. Hicieron sus pesquisas y tomaron huellas. Cuando uno de ellos cogió el arma para analizarla, se disparó. Una banderita salió con un "¡bang!" escrito en ella y causó un sobresalto. "¡Leches!", …

UN DIBUJO PARA MAMÁ

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Andaba inquieta porque no sabía que regalarle a mamá. Pensó en salir al jardín y arrancar unas flores. Pero su edad no se lo permitía. "Además, los pétalos se me espachurrarán durante el viaje; las rosas son puñeteras", se dijo dándole vueltas a la cabeza.

Pensó en dibujarle algo bonito. Una mamá bien alta, con una melena larga, que tuviera una sonrisa de oreja a oreja y unos ojos inmensos. "Tienen que ser azules, como el mar. A ella le gusta el mar", murmuró. "Y alas, debe tener alas, como los ángeles. Los ángeles tienen alas blancas", se fue diciendo mientras cogía de mitad de la mesa una cuartilla y las pinturas de colores. "Aunque ella quizá estaría más contenta si le comprara algo bonito. Un bolso pequeñito", exclamó empezando a trazar sobre el papel a su madre. Zapatos de tacón rojos, unas piernas bien largas, una melena que le salió morada porque se equivocó al escoger el color. "No puedo ir a comprarle un bolso", continuó reflex…

AVIONES DE PAPEL

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El Comecocos se asomó a la ventana, dejando que el destino fuera quien marcara su mirada y dirigiera sus pensamientos entre los entresijos de la masa urbana. Sobre la mesa, abierto en canal, había dejado el "Diccionario del Diablo" de Ambrose Bierce. En él leyó, con tremenda inquietud, la definición que el periodista norteamericano había hecho hace más de un siglo de la palabra nacimiento: "el primer y más nefasto desastre". Con anterioridad devoró su visión de lo que es hábito ("grillete de los libres"), ganso ("ave que suministra plumas para escribir") y abstemio ("persona débil que accede a la tentación de privarse de un placer"). Ninguna le dejó indiferente.

Bierce le parecía elegantemente cínico, sutilmente punzante y abiertamente provocador. De hecho, leer su glosario le llevó a cavilar sobre las cosas de la vida. O mejor, sobre los pensamientos, que son, sin darnos cuenta, los que marcan el pulso de los días. No en vano, dependie…